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categoría:  Familia

Peluca o cabello natural

Nombre del rabino: Rabino Jaim Frim
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Rab perdóneme por mi pregunta pero no parece ser verdadero usar peluca ya que hoy en día se ve hasta más hermoso que el cabello natural, muchas gracias!

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No sólo se ha confundido una peluca con el cabello real, sino también la verdadera modestia en su versión original. La idea no es si es más bella o atractiva. Desde la perspectiva judía, la modestia no tiene nada que ver con ser poco atractiva. Más bien, la modestia es un medio para crear privacidad. Y eso es lo que una logra la peluca.

El cabello cubierto nunca fue pensado para que la mujer casada parezca fea. La belleza es un regalo Divino, y la tradición judía anima a hombres y mujeres a cuidar su apariencia y parecer siempre presentables. La tradición judía también anima la modestia; no para disminuir nuestra belleza, sino para encauzar nuestra belleza y atractivo y reservarla a dónde pertenece: dentro del matrimonio.

Cubriendo su pelo, la mujer casada hace una declaración: “No estoy disponible. Pueden verme pero no estoy abierta al público. Ni siquiera mi pelo, la parte más obvia y visible de mí, no es para vuestros ojos.”

El pelo cubierto produce un efecto profundo en el usuario. Crea una barrera psicológica, una distancia cognitiva entre ella y los extraños. Su belleza es visible pero discreta; ella es atractiva pero indisponible.

La peluca logra exactamente el efecto deseado, porque una peluca permite a una mujer cubrir todo su pelo, mientras mantiene su apariencia atractiva. Puede estar orgullosa de la manera en se ve sin comprometer su privacidad. Y aun cuando su peluca parece tan real como para que se la confunda con el pelo natural, ella sabe que nadie está viendo su cabello. Ha creado un espacio privado, y sólo ella decide a quién permitir entrar en él.

Quizás en otras religiones belleza y modestia no se mezclen. Ésta no es la visión judía. La verdadera belleza, la belleza interna, necesita de la modestia para protegerla y permitirle crecer.

La Torá es muy clara en cuanto a los diferentes papeles y características impartidas por el Creador al hombre y a la mujer.

El hombre es un “conquistador”, a quien se le encargó enfrentar y transformar un mundo que se resiste, frecuentemente hostil. Con este fin, se lo ha abastecido de una naturaleza agresiva y extrovertida, una naturaleza que debe aplicar constructivamente en la  guerra de la vida, la guerra de combatir lo negativo afuera y redimir las oportunidades y los elementos positivos retenidos prisioneros en los rincones más espiritualmente desolados de la creación de D-os.

La mujer es su opuesto diametral. Su naturaleza intrínseca es la de la no-confrontación, introvertida, modesta. Pues mientras el hombre enfrenta a los demonios afuera, la mujer cultiva a la pureza adentro. Ella es el sostén del hogar, quien nutre y educa a la familia, la tutora de todo lo que es santo en el mundo de D-os. “Toda la gloria de la hija del rey es interior”.

Pero “interior” no significa necesariamente “entre cuatro paredes”. También la mujer tiene un papel que se extiende más allá del hogar, también a la más foránea de las hijas y a la más pagana de las tierras. La mujer que ha sido bendecida con la aptitud y el talento de influir sobre sus hermanas, puede y debe, ser “saliente”, abandonando periódicamente su refugio de santidad para alcanzar y movilizar a aquellas que han perdido contacto y dirección en sus vidas.

Y cuando lo hace, no precisa, ni debe, asumir la postura guerrera del hombre. El enfrentamiento y la conquista no son la única manera de tratar con el mundo exterior; también hay una manera femenina, una manera compasiva, modesta y suave de extraer bondad de la maldad que chispea afuera. El enfrentamiento es frecuentemente necesario, pero es también tan frecuentemente ineficaz e incluso pernicioso. Hasta la más fiera de las batallas requiere del toque femenino de la mujer.

Fuentes

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