La Guemará nos enseña repetidamente (Yebamot 22a, 48b, Bejorot 47a) que un converso es como un niño que nace, limpio de todos los pecados que él cometió siendo un no judio, ¡la conversión contiene en ella misma una perfecta Teshuvá! Por lo tanto, no tendrá ninguna Teshuvá que hacer un converso sobre su pasado en tanto que no-judío.