Respecto a la Emuná y el Bitajón, la mejor manera de educar a los niños es simplemente vivir esas creencias.
Podría hacer largos discursos de pensamiento judío y demostrar al niño por A más B que hay es un Creador que dirige la historia del mundo y cada una de Sus criaturas, pero, si todos los días, no reacciona según sus creencias, el niño aprende de tus acciones, no de tus palabras.
Con respecto al desarrollo de “el arte de hacer buenas preguntas”, por usar sus palabras, anímelos a hacer preguntas, incluso si, a tu gusto, la pregunta no es una buena pregunta, porque lo que es obvio para usted no lo es para el niño. En ese sentido, se debe despertar la curiosidad y mostrar interés por todas sus preguntas, incluso las más triviales.
En relación con el espíritu emprendedor, debe estimular las iniciativas del niño, es decir, no ser crítico con los frutos de su trabajo, darle responsabilidades y la posibilidad de elegir. Para ello, debe enseñar al niño, si él está equivocado en su elección o que no alcanza el resultado querido, es porque se está convirtiendo en un hombre, porque un hombre tiene derecho a caer, siempre y cuando uno se esfuerce en hacerlo bien y Dios recompensa según el esfuerzo y no en función del resultado.
Mediante la promoción de las iniciativas del niño, se trabaja desde una edad temprana para reducir los efectos de la crisis de la adolescencia.