El Eterno restablece al humilde acostado en el polvo. Él hace remontar al pobre, para situarlo al lado de los grandes. Los instala sobre un asiento de honor porque las columnas de la tierra son Suyas.” Ver Samuel I, capítulo 2, versículo 8 y Tehilim 113, versículo 7. “El Eterno no quita la vida, se asegura siempre de no rechazar jamás al que es expulsado de Su presencia”. Samuel II, capítulo 14, versículo 14. “Aunque aún tus exilios fueran en el extremos de los cielos, desde allí Hashem tu Di-s te reunirá, y de allí, te tomará”. […] Él circuncidara tu corazón y el corazón de tu descendencia…” Devarim capítulo 30, versos 4-6. Y como bien dices, “Hashem tiende “obligatoriamente” la vara a cualquier judío” y no sólo “en un momento u otro”, sino CONSTANTEMENTE. Para percatarse de ello, simplemente hay que dar un primer paso hacia ÉL, abrir los ojos y abandonar las partes oscuras de este mundo. La Torá es la luz de este mundo. Caminemos hacia su luz. Asistiendo a las clases de Torá, nos instruimos, yendo al Beth Hakneset, estaremos más felices.