Meditar no es cerrar los ojos y poner la mente en blanco, o disfrutar de una visión, sino razonar; es utilizar nuestra mente para que ese conocimiento penetre dentro de nosotros y aflore lo que hay en nuestro inconsciente. Tenemos que hacer que nuestra mente influya arriba para limpiar nuestro consciente y para que se revele la esencia de nuestra alma; y también que influya abajo, para limpiar nuestra mente, sentimientos y acción, y para que todo sea todo Uno; para que seamos personas íntegras unidas y podemos ayudar a las otras personas. Esa ayuda es como una profecía.